Ceros a la izquierda escribo balas de salva cerbatanas sin dardos
como un trompo al que se le acabó la cuerda y sigue girando gracias al vuelo de otras tardes de juego
me quedara al menos el consuelo de páginas garabateadas que dan luz a niños feos, pero no hay ni borrones ni garabatos, a lo mucho frases que de tarde en tarde trompican en mi cabeza y se me escurren como truchas entre las manos
y tú, Isabel, pertinaz y vehemente, dices que no, que el cordón está allí, que tú eres el cordón y si es necesario también el trompo;
que tire el anzuelo al río y no las manos, pues a qué idiotase le ocurre pescar con los dedos;
y que ya me deje de tonterías, que encienda la computadora y escriba
lo que sea, como salga: una niña para portada de revista o una para encadenarse en el ático
pero que escriba
y escribo aunque no quiera, aunque nada tenga para decir, pero sí quiera y me rebullan las palabras en la garganta
porque hoy podré despotricar en contra de mi ingenio, de la utilidad de todo esto, de ti que no me dejas en paz, mas al final del día o mañana pondré mi cabeza en tu regazo para leerte en voz alta, como te gusta, sobre niñas pecosas, desdentadas y con estrabismo.