Para Isabel
Ceros a la izquierda escribo
balas de salva
cerbatanas sin dardos

como un trompo al que se le acabó la cuerda
y sigue girando gracias al vuelo
de otras tardes de juego

me quedara al menos el consuelo
de páginas garabateadas que dan luz a niños feos,
pero no hay ni borrones ni garabatos,
a lo mucho frases que de tarde en tarde
trompican en mi cabeza
y se me escurren como truchas
entre las manos

y tú, Isabel,
pertinaz y vehemente,
dices que no,
que el cordón está allí,
que tú eres el cordón
y si es necesario también el trompo;

que tire el anzuelo al río
y no las manos,
pues a qué idiotase le ocurre pescar con los dedos;

y que ya me deje de tonterías,
que encienda la computadora y escriba

lo que sea, como salga:
una niña para portada de revista
o una para encadenarse en el ático

pero que escriba

y escribo
aunque no quiera,
aunque nada tenga para decir,
pero sí quiera y me rebullan las palabras en la garganta

porque hoy podré despotricar
en contra de mi ingenio,
de la utilidad de todo esto,
de ti que no me dejas en paz,
mas al final del día o mañana
pondré mi cabeza en tu regazo
para leerte en voz alta,
como te gusta,
sobre niñas pecosas,
desdentadas y
con estrabismo.
      

Andrés Briseño
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